Domingo de escapada cultural, por “sólo” una inversión de 25€ por cabeza, una amiga y yo disfrutamos del último musical traido a tierras coruñesas.
Intentaré analizar la función en dos partes, por un lado el continente y por otro el contenido:
Se trataba de Cabaret, representado en el Palacio de la Ópera y era la primera vez que yo lo visitaba, pude comprobar en mis propias carnes que la acústica deja mucho que desear; pese a ese pequeño detalle, incluso desde nuestras localidades de pobretones en la parte trasera de la sala gozabamos de buena visibilidad.
Los decorados y atrezzo simplemente geniales, en un pequeño cambio de la iluminación del escenario convertían el Kit Kat Club en una escena callejera, en un piso de alquiler… y siempre manteniendo la magia de la inmersión en el Berlín de época.
El elenco de actores resultó muy convincente, pese a que Sally Bowles me produjo dudas en el primer número musical en el que pone voz de niña repipi, y que se pierde un poco lo grotescos que eran los personajes del Kit Kat Club en la película, dado que aquí todo son mujeres bellas (”¡Hasta la orquesta es divina!”) y cachondos personajes masculinos. Muy a destacar el papel de Maestro de Ceremonias interpretado por Victor Masán que además de plasmar la chispa, locura y picardia del personaje perfectamente brilló en todos y cada uno de sus números musicales, consiguió esa omnipresencia que tiene el personaje como diablillo voyeur a lo largo de toda la trama, y nos puso a mi amiga y a mí supercerdos; especialmente cuando subió a un hombre y a una mujer del público para sobarlos (Me arrepiento de no haberlo visto en Marionetas del Pene). Eso me lleva al siguiente punto a destacar del espectáculo, los niveles de picardía, escenas picantes y referencias a la homosexualidad/bisexualidad de los personajes son mucho más apreciables en el musical que en la película, no sé si es porque la interpretación del musical siempre fue así o si fue volviendose más atrevida con el tiempo, pero también me resultó interesante.
Para los que hayan visto la película, el argumento del musical cambia un poco, la historia de Sally Bowles y Cliff permanece pero sin que la tercera persona involucrada en la relación se materialice en un nombre concreto y siendo más bien sustituida por escarceos bisexuales de Cliff; el enamoramiento del personaje filonazi con la judia se sustituye por una relación entre un viejo frutero judío y la matrona que lleva la pensión en la que se alojan los personajes; por último es de agradecer la inclusión de la canción nazi que en la película me ponía los pelos como escarpias, pese a que evidentemente en el musical no tenía tanta carga emocional.
En conclusión, me gusta mucho más la película que el musical aunque reconozco que este último tiene el encanto de los espectáculos en directo, y quisiera romper una lanza desde aquí para que por favor dejen de traducir las canciones de los musicales al traerlas a España, en algunas queda terriblemente cutre (”Money, money, money, pasta, pasta, pasta”) y al fin y al cabo las óperas no se traducen pese a ser bastante menos inteligibles.