
Con un cosmopolitan en la mano parece que todo se pinta de otro color (rojo sangre, claro) y donde antes había una caida al vacío por lo menos se ve una estela dorada que marca por donde hemos pasado, y que el pasado exista ya es suficiente para mí.
Después de este momento sin sentido no me queda más que comentar que el Cosmopolitan es una bebida excelente, quizá un poco cara aunque no pagué yo, y que me sumerge más profundamente en este mundo de decadencia y excesos en el que me muevo últimamente.
Desde aquí os recomiendo a todos que no bebáis para olvidar, sino que experimentéis nuevas bebidas, que el vodka con limón de toda la vida ya está muy visto. Y para el navegador despistado le indicaré que mi última frase, sí, era una metáfora.




















